En las últimas elecciones presidenciales, un acuerdo entre Rosales, Borges y Petkoff, determinó la escogencia del primero como candidato preferido por las encuestas.
Un año antes, la Venezuela democrática se había negado a participar en las elecciones parlamentarias. La deslegitimación del régimen era evidente. Chávez buscaba desesperadamente un contrincante. Amenazaba con celebrar un plebiscito presidencial, si no se le presentaba contendor. Finalmente, lo tuvo y ya conocemos el desenlace.
Hoy, probablemente estén cometiéndose similares errores dejando la elección del candidato democrático en manos del dictador.
Nuestra preocupación aumenta cuando la unidad electoral prevalece sobre la unidad política, cuando el principal tema de la oposición es la fecha de la escogencia del candidato, cuando alcanzar la candidatura se convierte en primordial propósito que desplaza y olvida el objetivo fundamental de acabar con el régimen e iniciar aceleradamente un proceso de reconstrucción nacional.
Se desconocen las reglas que el CNE fijará. Árbitro electoral que apenas se cuestiona y se propone para la escogencia del candidato democrático. Serán elecciones primarias, método que, como él de las encuestas, poco éxito ha tenido entre nosotros.
Pensamos que la Venezuela democrática debe establecer su propia agenda, sus propias reglas. Promover la participación electoral, pero también la creciente protesta popular que se expresa inorgánicamente en las calles del país. Frente a la dictadura, debemos decidir nuestras propias normas electorales para garantizar la escogencia del candidato conveniente y hacer efectiva la victoria. La decisión del candidato democrático debe ser de todos no del dictador.
Todos los candidatos que hoy están habilitados, pudieran mañana no estarlo. Por el contrario, los candidatos inhabilitados hoy pudieran ser habilitados mañana. Decisiones todas que si no son previstas y resueltas anticipadamente, previendo variados escenarios, terminarán siendo determinadas por el régimen, por el dictador que dará oportunas ordenes a magistrados y rectores haciendo imposible la victoria democrática, convirtiendo, una vez más, los comicios en farsa electoral.
Publicado en el Diario La Verdad de Maracaibo el 07 de abril de 2011
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